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martes, abril 07, 2009

Budapest


La fachada de San Esteban mirando al Danubio ilumina una callecita peatonal con el oro de sus letras. En grande se lee: "EGO SUM VIA, VERITAS ET VITA". Plaza brillante de luz y gentes de todo el mundo.
Después la Ópera, el palco de Sisí en un festival de estucado en orfebrería minuciosa. Espléndida de música. Ponían Xerse, la famosa obra de Haendel con el "Ombra mai fu". Bustos de Liszt, Bartók y Kodály.
Muy cerca de allí, el Museo del Terror. El testimonio de un país por el que han arrasado Hitler y Stalin. Impresión de la infamia humana, dolor transformado en la impotencia del silencio: el sótano negado de luz es la expresión de la sordidez, del holocausto, de lo que nunca debe ser otra vez; nunca más.
Un amigo magiar nos invitó a descubrir cuál era la bebida preferida de Pancho Púskas, auténtico héroe nacional para jóvenes y escaparate húngaro en aquel legendario Real Madrid de los sesenta. Se trataba de una especie de combinado de vino blanco rebajado con agua. Un buen trago para despedir Hungría.

jueves, agosto 21, 2008

Guatemala o "la tierra de los árboles": Chichicastenango


Íbamos a echar un vistazo al mercado de Chichicastenango: galería de objetos desde el corazón del indigenismo: había de todo. Me fijé en un violín sin cuerdas en medio de pulseras, wipiles y camisetas de la cerveza Gallo. Pero sobre todo lo angosto de la visita: tenías la sensación de estar perdido cada cinco segundos si no echabas la vista atrás. Museo de objetos, pero también de olores: un pollo vivo ve como su primo está siendo descuartizado a dos metros. Todo muy exótico. Un niño nos pide que le compremos algo o que le invitemos a comer. Angosto en el sentido espiritual, en la Angst filosófica.

Entre todo ello reluce de blancor la fachada de la iglesia. Colonial de exteriores (incienso a rabiar), otras cosas más de interiores. Artesonado y bancos de una madera oscura, como casi todo. La escalinata de entrada merece más de un comentario: mezcla de vendedores, guiris y perros con pulgas. Dos mujeres exhortan (como monólogos de teatro contemporáneo, con gritos, aullidos, etc...) a una

imagen de la Virgen.

Gran sorpresa al encontrar una placa donde se decía que "el padre dominico fray Francisco Ximénez encontró y tradujó aquí el Popol Vuh en el siglo XVIII". Al fin y al cabo, el Popol Vuh es como el Génesis quiché. Se entienden algunas cosas: la mezcla de elementos indígenas en la iglesia cristiana explica un barroco quizá más barroco de lo que se quiere a veces. Algunas prácticas se hicieron "habitables" en el nuevo recinto. Estas prácticas habitan en procesiones y celebraciones, pero casi todas se quedan en la escalinata. Gracias a Dios.

Aquí va un poco del Popol Vuh:


''Ésta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo.
Ésta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía.
No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión. No había nada junto, que hiciera ruido, ni cosa alguna que se moviera, ni se agitara, ni hiciera ruido en el cielo. No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia.
Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules.
Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gugumatz, en la oscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gugumatz. Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento. Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre. Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la claridad en acción del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán."

viernes, agosto 15, 2008

Metropolitan


Como aquel ensayo de D'Ors sobre el Prado, nos vimos en la aventura de Una hora y media en el Metropolitan Museum. Con el lujo de una visita guiada por Jesús, pasamos rápidamente de las cráteras griegas a la escultura de Cánova. Muy lúcido. Un poco de esas caretas enormes de Papua Nueva Guinea (yo no lo había visto en Europa), al modo "Rapa Nui". Curioso. De la pintura mucho español: Goya, Sorolla -cómo no- y Picasso (ese retrato de Gertrude Stein...). También un poco de Gauguin, Monet y Manet, pero a mí me encantó Edipo y la esfinge, de un tal Moreau, con una esfinge muy seductora (arriba). Lástima pagar 1 dólar a la entrada.

martes, agosto 12, 2008

Nueva York


Nueva York no es como en las películas. Hay taxis grandes y amarillos, hileras de rascacielos y una humedad que ilumina de color, pero todo es distinto a pie. Si algo tiene Nueva York, es la multiplicidad de planos y perspectivas.
5th Avenue, Central Park, Empire State… no son sino distintas piezas de un extraño puzzle, difícil de armar, pero coherente, al fin y al cabo. Eso sí que es sorprendente. Una fórmula urbana muy reiterada: una iglesia neogótica se ve superada por un rascacielos en su inmediatez. En el otro costado un edificio de los años treinta, en marrón y coqueto. Pero todo esto funciona, paradójicamente.
Estar en Nueva York paseando, en taxi (o limousine), viendo Manhattan desde el avión o desde el ferri, escalando hasta la terraza del Empire… es una lavadora de imágenes que conecta perfectamente con la percepción leibniziana en la cual se observa una ciudad desde distintos lados y a nuestros ojos aparece cada vez diferente, “multiplicando las perspectivas”. Dicho de otro modo, “Dios se refracta en todo lo creado”.

miércoles, julio 05, 2006

Trafalgar Square


Al desnudar la mirada ante aquellos templos clásicos, uno descubre ante sí a la 'Roma' decimonónica que fue Londres. La inmensidad de lo bello, la soberbia arquitectura de sus columnas, lo infinito de la fotografía, la dimensión del hombre.