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jueves, mayo 29, 2008

Arquitecturas del eco

Eco y Narciso, de Poussin.
Uno de los últimos trabajos de Sánchez-Verdú, compositor ya mencionado. Fue interpretada en el CDMC por el trío Neopercusión. Formando un triángulo espacial, los instrumentistas ejecutan lo escrito por el autor. La idea es sencilla: un sonido se tridimensiona, reverbera en cada estación.
El eco pertenece a la naturaleza misma, es un cualidad del sonido y sólo pertenece a ese ámbito. La música es una abstracción del sonido, ordenada y humana. Pero lo que ocurre, y lo que Verdú parece plantear, es que ambas nociones (música y sonido) cohabitan en un espacio común.
En el programa de mano, el autor de Arquitecturas niega cualquier asimilación al concepto de "imitación". El sonido, en la desnudez de su esencia, tiene su propio lenguaje. La música es otra cosa. ¡Pic-Nic!

martes, abril 01, 2008

"La soledad sonora"


Palimpsesto es un concepto que habita con frecuencia en la música actual. Se trata de escribir sobre el mismo material donde ya se escribió. Así llegaron a nuestras manos los textos de la antigüedad: Aristóteles, Platón y algunos más (muchos más, en realidad).

La idea es sencilla: reescribir es volver, caminar sobre algo andado en otra dirección, enfrentar unos alfabetos con otros, gramáticas que se fusionan y que ofrecen algo nuevo, un producto distinto, atractivo. Es como poner un oído en la autoridad de los grandes y el otro en la vía para saber cuánto tardará el tren en llegar.

Así dice el cap. LXVI del Quijote: "Que trata de lo que verá el que lo leyere o lo oirá el que lo escuchare leer". Compositores como Sánchez Verdú o Fernández Guerra van en esa línea. Saben que detrás del pasado hay sinfonías sin transcribir: en los frescos de la Capilla Sixtina, en el infierno de Dante por Signorelli, en el Bosco, en Brueghel...

Hay música en todas esas obras, y la iconografia casi invita a confeccionar la plantilla orquestal: trompetas, arpas, violines...

¿En qué siglo bajó Dante al infierno? ¿Dónde están los jardines del Bosco? ¿cuál fue el primer acorde la primavera de Botticelli? Tabula rasa para nuestros creadores. Audite, audite...

miércoles, marzo 05, 2008

Vertavo Quartet


El Cuarteto Vertavo en el CDMC. Un programa de brevedades para la primera parte: Trois Pièces de Stravinsky, String Quartet de Judith Weir y Funf Satze, op.5 de Anton Webern. De segundo plato el Cuarteto de cuerda nº8 de Per Norgard. Un buen menú.


Nos encontramos en el momento anterior a los materiales dodecafónicos para Webern, y a un Stravinsky atonal, pero amigo todavía de buenas intenciones. Entre tanto, dos compositores para la segunda mitad del XX: Norgard y Weir.


Una visita a la trastienda de la música de cámara: retales de recursos sonoros (sulponticelli, glissandi, pizzicati y armonici) se entremezclan con ecos de emociones tonales, discursivas, temáticas.


Ello fue especialmente notable en el cuarteto de Weir, muestra de sonoridades de frescura celta y canciones populares insertadas (dos escocesas y una española, al parecer).


El cuarteto del danés Norgard nos deja entrever la estética contemporánea de un mundo escandinavo que mira a Europa. Galería de momentos raros y antilíricos: cuerdas rasgadas y notas habladas desde el alma del cello. Ejercicio de desfigurar motivos que apenas susurran para llegar al aullido que la viola lanza al final del quinto movimiento.


Volver el rostro a sonoridades humanas nos reconforta de vez en cuando. Gracias.


martes, febrero 19, 2008

Música contemporánea y CDMC


La nueva música es hermética, cerrada, inaudible -inaudita- y rara, muy rara. La nueva música se ha alejado de Mozart y sus amigos y se ha enfadado con ellos y con nosotros. Nos cuesta mucho entenderla. La nueva música apenas dice nada y lo quiere decir todo al mismo tiempo.
Acudir a su encuentro es uno de esos encuentros místicos que no tiene pérdida. Como en aquellos pasajes del Antiguo Testamento, el profeta se aleja de la muchedumbre y busca a Dios en un monte, en una cueva, en el desierto... pero allí no hay nadie, y por mucho que grite nadie va a responder. O, por lo menos, nadie lo va a hacer en un lenguaje humano.
La música del XX ha tomado un camino de difícil retorno. La escucha ha cambiado. Si alguien espera llegar al auditorio y sentarse a disfrutar de lo bello que es el mundo y lo calentito que se está ahí escuchando cosas bonitas y sin que le "coman la cabeza" demasiado... va listo.
Esto ya no es el concierto de los sábados del Auditorio Nacional: "Mira, Margarita, hoy traen el concierto de violín de Beethoven, el que te gusta a ti". Ahora la nueva música se encuentra en el CDMC, y créanme que merece la pena ir.
La escucha activa debe ser algo así como que "o haces un esfuerzo mental y auditivo hacia lo que vas a oír o no sigas aquí ni un segundo más, que puedes pasarlo mal, muy mal". El esfuerzo auditivo consiste en un viaje astral patrocinado por músicas como la de György Ligeti en 2001: A space odyssey, de Stanley Kubrick. En los mejores casos.
La nueva música -la de los nuevos creadores- se encuentra cerca de una concepción de 'juego' ya apuntada en lenguas como el francés (jouer) o el inglés (play), donde la misma acción de ejecutar forma ya parte de la pieza en sí. Un juego intrincado, si se quiere. Una especie de 'sudoku auditivo'.
Pero, ¿No eran también juegos auditivos los conciertos de Bach o las sonatas de Mozart?
"Levante sus primores la agudeza", que decía Gracián.

http://www.youtube.com/watch?v=jBT__4ldjAs