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jueves, julio 21, 2011

Azules kandinskianos


Uno se acerca a este cuadro de madurez de Kandinsky y se atreve con una lectura ignorante pero divertida del mismo. Ese título, "Azul celeste" parece casi una ironía playera. Sobre la vista, un cielo que recuerda a las tardes de arena y sol en la costa, cuando el tiempo no vale casi nada y la conciencia infantil se deja querer. A veces, fruto quizá de un tímido astigmatismo que se proyecta en todo el ojo, aparecen objetos que cimbrean, aletean, se van y se vienen de uno a otro costal: son conchas, medusas, boyas... que estaban ya antes en el cielo, pero que cobran ya todo su sentido en sombrilla, tumbona y sal de mi Madrid veraniego.

martes, febrero 10, 2009

O vos omnes


Copio directamente un poco de lo que dice Atlas en La música del Renacimiento (Akal):


Nacido en Ávila, la ciudad de santa Teresa, en 1548, Victoria pasó unos veinte años en Roma desde mediados de la década de los 60. A su regreso a España le fue otorgado el puesto de capellán de la hermana de Felipe II, la emperatriz viuda María (viuda de Maximiliano II), que se había retirado al lujoso convento de las Descalzas Reales de Santa Clara (Madrid) en 1581. Allí la sirvió desde 1587 hasta su muerte en 1603. Permaneció como organista en el convento hasta agosto de 1611, fecha de su fallecimiento.

Victoria es quizás el compositor contrarreformista por excelencia. A diferencia de Palestrina, nunca tuvo que pedir perdón por las indiscrecciones compositivas de sus primeros años: no compuso música profana en absoluto.


Más abajo, comentando el motete O vos omnes:


[Victoria] subraya el último enunciado de "sicut dolor meus" al final (...) con el giro cromático de dos acordes perfectos menores sucesivos... Por un momento, parece como si Victoria oyese el mundo tal y como El Greco lo veía.


El texto procede de una de las Lamentaciones de Jeremías (I, 12), y se incluye en la liturgia del Sábado Santo. Aunque el ilustrador ha elegido el tenebrismo de Vista de Toledo, que está en el Metropolitan, parece más adecuado La Crucifixión. A mí me llega más.
Como tantas veces, la pintura refleja mejor que nada la música de los colores que veía Messiaen. Aquí Allan W. Atlas ve al Greco, en los acordes de Victoria. No parece mala idea: el estatismo de la música frente al movimiento del paisaje pictórico. Tonos oscuros para un sonido ennegrecido por la solemnidad de la cruz.


jueves, noviembre 20, 2008

La Ilustración total


La Ilustración total. Arte Conceptual de Moscú. 1960-1990. Este es el título de la exposición que hasta enero ofrece la fundación Juan March de Madrid (Castelló, 77). Galería espléndida de imágenes de la era soviética tras Stalin: escaparate de ideas, ironías y poperos rusos. ¿Quién dijo miedo?
Se trata de un grupo de artistas -desde los 50 en adelante no conviene hablar de "generaciones"- que integran sus creaciones en la pintura -o no- y la música, sobre todo. Por eso, la fundación aprovecha la temática para sus sala de conciertos: Schnittke, Gubaidulina y otros.
Pero el centro temático está en el ámbito expositivo: colección de objetos sin padre ni madre que reflejan la ruptura formal (el paso del "formalismo" al "conceptualismo") de una rota realidad. Los sueños de la revolución ya solo son semillas de la ironía y se busca algo nuevo. La vanguardia de Malévich se transforma en sonrisa malévola en Kabakov, Bulátov, Mijáilov, Komar & Melamid o Monastyrski. También tenemos equipos de creación como "Acciones Colectivas". Muy apropiado.
Para todos ellos, el formalismo ni se crea ni se destruye, solamente se transforma. Así lo debía entender Gorbachov (perestroika es cambio en ruso) y así lo ven estos artistas. Lenin compartiendo cartel con Coca-Cola, o el nombre de Malévich en un paquete de tabaco, una herramienta para medir nacionalidades (colocando la nariz en la casilla correspondiente), sin olvidar una serie de fotos donde un individuo explica en lenguaje de sordos la cita de Wittgenstein: "de lo que no se puede hablar, se debe callar". Muy ingenioso.
Todo se funde en algunos momentos para la nostalgia, como un paquete de cigarrillos con un dibujo de Laika, la perra astronauta, y una banda sonora como anillo al dedo (recomendación de la casa): Go west.

jueves, octubre 30, 2008

Rembrandt y El Prado



El título de la exposición es "Rembrandt.Pintor de historias". Se me ocurre que la próxima vez podrían pensar en Ibáñez y subtitular "dibujante de viñetas". Se equivoca la dirección del museo llevando a los invitados temporales al nuevo rinconcito de la ampliación jeronimaniana. Lo digo porque lo pienso. Guardo tan buen recuerdo de la muestra de Tintoretto -entrando por la puerta de Goya- que me cuesta creer que Rembrandt estaba en El Prado.

Y es que el museo -proezas arquitectónicas aparte- se ha convertido en un gran recinto polideportivo: sólo falta un poco de agua para bajar a ver a Patinir en rápidos. Hoy casi parecía un simulacro de psiquiátrico realizado con éxito. O una gymkana donde gana el equipo que más cuadros vea en menos tiempo.

No obstante, buscando a Tiziano alguien puede acabar en la infinita sala de El Bosco -instante único- o en la de escultura clásica -templo de quietud-. Pero lamenta llegar a Rembrandt -invitado de lujo- teniendo enfrente la modern cafetería o la ridícula librería ("shop", en realidad). Y es que esto es muy importante: vayan al Louvre y verán cómo tratan a sus invitados. Una librería con trescientos libros -y no exagero- del autor temporal: y en esa ocasión era Praxíteles. Será que la escultura, al ser espacial...

Bueno, pues hablemos de Rembrandt. Tema bíblico y mitológico (de ahí lo de "historias", supongo), como en Tintoretto -y en los grandes- pero visión general muy poco homogénea. Lienzos de grandes dimensiones con grabados miniaturistas, exquisitos hasta el último detalle expresivo. Grande el psicologismo pictórico en los apóstoles (San Pablo y San Bartolomé) y espectacular la misteriosa luz en La negación de San Pedro (arriba). Cristo calla desde la sombra. Algo me dice que ha merecido la pena ir a la exposición sólo para ver su rostro.

martes, octubre 28, 2008

Alfredo Palmero




Pintó de todo y de casi todos. Manet a lo Goya y retrospectiva de Sorolla a lo Degas. París a lo Pisarro y retrato de salón. Elegancia de pincel, luz y color. Es difícil ver en sus lienzos un estilo personal, si exceptuamos el gusto que por los caballos sentía Alfredo Palmero.
En Almodóvar Palmero es una calle, una casa, un museo y una biblioteca cervantina. Y algo más: el nombre de un artista que vivió en París, expuso en Barcelona y se movió en ese paréntesis que se abre entre los muy grandes y los muy pequeños.
El Museo Palmero miente de fachada, pero mantiene el sabor de una casa que alberga cuadros encima de la chimenea, en la galería o en la escalera que lleva hasta los caballos… Nada que envidiar al Lázaro Galdiano.
Cuestión aparte es la colección del anexo cervantino que guarda la casa del pintor contigua al Mesón Gallardo-Vizcaíno, en la Glorieta. [sssch… la biblioteca se compone de unas cien ediciones del Quijote en varias lenguas] Aquí podrán degustar un buen vino manchego muy quijotesco.
El hijo y el nieto han continuado pintando siguiendo lo que ellos llaman la “saga” de los Palmero. No obstante, mi madre dice que no son muy buenos. Tampoco se cuenta mucho aquí.
Pásense por Almodóvar (arriba La ópera de París).

viernes, agosto 15, 2008

Metropolitan


Como aquel ensayo de D'Ors sobre el Prado, nos vimos en la aventura de Una hora y media en el Metropolitan Museum. Con el lujo de una visita guiada por Jesús, pasamos rápidamente de las cráteras griegas a la escultura de Cánova. Muy lúcido. Un poco de esas caretas enormes de Papua Nueva Guinea (yo no lo había visto en Europa), al modo "Rapa Nui". Curioso. De la pintura mucho español: Goya, Sorolla -cómo no- y Picasso (ese retrato de Gertrude Stein...). También un poco de Gauguin, Monet y Manet, pero a mí me encantó Edipo y la esfinge, de un tal Moreau, con una esfinge muy seductora (arriba). Lástima pagar 1 dólar a la entrada.

jueves, mayo 08, 2008

Vistas al mar


La vocación mediterránea: eso es lo que une a dos grandes de nuestra cultura de principios de siglo. Nos referimos al valenciano Sorolla y su conocida obra Paseo a orillas del mar y a Eduardo Toldrá, compositor catalán del cuarteto Vistas al mar.
El cuadro de Sorolla respira sal por todas partes: sabemos que la mar está en calma y el día claro. Un pedazo de abril, posiblemente. Impresionismo, pero algo más.
La obra de Toldrá evoca luz, aunque el autor subtitule "Evocaciones poéticas", en referencia a los poemas de Joan Maragall que acompañan a la partitura.
La pintura es de 1909 y la música de 1921. La época, ese primer cuarto de siglo XX. Algo nos dice que reclaman un discurso propio, una visión conjunta y un espacio común.
Este no es el mar de Alberti, amigos míos.

miércoles, marzo 19, 2008

El surrealismo o Magritte

Esferas sonoras

Su pintura es llamativa, enigmática, conceptual. Está tanto en el teatro de absurdo de Pirandello como en las obras teóricas de Jung. Él mismo se niega como pintor. Es más bien un caso curioso, eso es indudable.

Escenas de casos sin resolver y mentes somnolientas. Metafísica del humor y retrato del XX. Propuestas fotográficas. Seres poco humanos. Quebraderos inútiles de cabeza.

Figura personalísima la de este belga. René Magritte, surrealista.

sábado, diciembre 08, 2007

Cien años de un beso


Se cumplen cien años de El beso de Gustav Klimt. Es una de esas obras a las que uno vuelve siempre. Y siempre que vuelve lo hace de una manera nueva.

Algo de esa naturaleza estática lo hace especial: el recogimiento de los amantes, el rostro de perfil del hombre, la angelical (¿prerrafaelita?) tez de la mujer...

Dentro de un cosmos tribal de colores y formas resplandece la idea del uno sobre el dos: he aquí la grandeza del cuadro. ¿Se imaginan un título como "Los amantes"? A Gustav le gustó más lo de llamarlo "el beso" (Der Kuss).

Un beso es uno pero son dos.

sábado, diciembre 01, 2007

Matisse y La danza.


En ese abrir y cerrar de siglos que fue el paso del diecinueve al veinte, habita una pléyade de músicos, poetas y artistas cuyas esferas se encuentran en divina armonía. La música respira música, la música proyecta colores y la poesía busca sonidos...

Podemos citar a tantos: Baudelaire, Verlaine, Scriabin, Kandinsky, Schönberg...nos quedaremos con Matisse.

El encargo de La danza (1910) por un coleccionista ruso es uno de los momentos más apasionantes de la pintura del XX: una vez aceptado un boceto del pintor, el propio Matisse cambió (¡súbitamente!) los colores para el óleo sobre lienzo final.

El estudio de la obra requiere una visión poliédrica: estética del movimiento, función y dirección de los danzantes, presencia del Dionisos nietzscheano y ejercicio ritual sobre el ciclo solar apolíneo.

Pero a nosotros nos llama más la atención la elección de los tres colores centrales sobre los que se mueve todo. Partimos de una escala de colores de Gino Severini sobre la que se asigna a cada nota de la escala cromática un color: al do el rojo, al re el naranja, al mi el amarillo, al fa el verde, el azul al sol... a los que debemos sumar los intermedios: un rojo anaranjado para el do sostenido, un naranja amarillento para el re sostenido, etc...

De tal modo que la obra pieza de Matisse utiliza las tres notas de la tríada fundamental de la tonalidad de Re bemol mayor: el re bemol, el fa y el la bemol. ¡Un acorde importantísimo en la tradición musical decimonónica!. Curioso, ¿no?.



viernes, noviembre 16, 2007

Fortuny y la pintura del Prado


Háganse un favor: vayan al Prado. Paguen 6 euros por ver la nueva exposición temporal con la que el museo nos deleita en esta ocasión. Su título, algo frío: "El siglo XIX en el Prado". La colección, créanme, les llegará al corazón.

La visión del XIX español a los ojos de Europa -naturalmente, una Europa dominada por aquello de Voltaire de que "empezaba en los Pirineos"- ha sido acogida por gran parte del hispanismo ilustrado hasta bien entrado el siglo XXI.

He aquí, una oportunidad única de reivindicar un romanticismo histórico español. Una excelente ocasión para completar un puzzle pictórico con una pieza que se cuela entre Goya y Picasso.

Un caso maravilloso es el del pintor catalán Mariano Fortuny (1838-1874), y su Fantasía sobre el Fausto de Gounod.

Si uno se acerca sigilosamente a la margen izquierda del cuadro, casi puede oler el azufre en Mefistófeles, y eso que en España nunca hubo un movimiento romántico.

(Ríase vd. de Voltaire y de los ilustrados, que esto es el diecinueve).

viernes, julio 06, 2007

Tiepolo


Giovanni Battista Tiepolo (1696-1770) es un pintor veneciano al cual descubrí en una reciente visita al Thyssen. Se trata de una obra fabulosa, grandiosa, espectacular.

En 1761, Carlos III le contrató como pintor real y Tiepolo acudió a su encuentro realizando una maravillosa serie de frescos para el Palacio Real de Madrid. Entre ellos se encuentra esta Apoteosis de España, donde aparecen de forma alegórica aquellos elementos simbólicos que configuran la iconografía hispánica: el león, el castillo y el Hércules protector.

lunes, febrero 26, 2007

Lichtenstein


La fundación Juan March expone una colección de Roy Lichtenstein, ese pintor de cómics, de bocatas y diálogos en inglés, ese colorido tan warholiano.

Ahora que nos fijamos un poco más detenidamente -obsérvese la secuencia- quizá hay en Lichtenstein algo de Cézanne. O no?

Puntillismo, movimiento y chicas guapas en un menú casi veraniego. Vistoso, atrevido. Algo más que un simple 'pop'.

jueves, agosto 17, 2006

Paul Klee (1879-1940).


A medio camino entre Kandinsky y Mondrian, Klee presenta una pintura nueva, genial, necesaria. Toda su obra es una lucha entre lo racional geométrico y lo irracional sentimental.
El dilema Apolo-Dioniso se traduce como la dialéctica entre la recta y la curva o, como decía Jung, el cuadrado y el círculo.
Lo distinto, lo realmente auténtico y sincero en Klee es su capacidad infinita para aunar dos elementos, a priori opuestos, en un mismo plano. El problema geométrico-sentimental es resuelto por el artista de la mejor de las maneras: a partir de un espacio rectilíneo, objetivo, de colores cálidos, logra ofrecer un ámbito de lo fantástico cercano a lo humano.
Y he aquí la visión universal que para el mundo nos ha legado este músico -excelente violinista-, profesor de la Bauhaus y felizmente pintor para nuestros oídos artísticos.
Por encima del pintor, del músico y del profesor, en Klee hay un ser humano que respira por toda su pictórica.

miércoles, julio 12, 2006

Antonio López García, pintor


La mirada de peregrino en Antonio López (Tomelloso, 1936) comulga con el espíritu atemporal de un extranjero que pisa por primera vez el suelo de Babel. Un manchego de rostro, que percibe, en Madrid, la inmensidad de lo inmenso; la cercanía del viandante, la lejanía del megalómano.
La compleja perspectiva en sus edificios -cuasi matemática- desvela al espectador el secreto de un niño que un día abandonó su patio de provincias para marcharse a la capital.

domingo, marzo 26, 2006

Hyeronimus von Aeken


¿Qué es una vanguardia? El sentido de avantgarde parece tenerlo muy claro: lo que va por delante, avanzado, 'la primera linea de la guardia'. La vanguardia artística llama a la primera década del siglo XX, a los simbolismos, expresionismos, cubismos y futurismos... a los Van Gogh, Gauguin, Picasso, Braque, Munch. En el colegio nos decían que Goya había sido un precursor de todos estos movimientos. Después hemos visto que Tim Burton soñó a Dalí, que Dalí habló con Goya -en un par de ocasiones, Salvador solía conversar con mucha gente- y que Goya era el alfa y el omega del nuevo arte europeo. Oigan, ¿y qué hacemos con El Bosco?
Resulta que un pintor flamenco, a caballo entre los siglos XIV y XV ya hacía barbaridades con el pincel. No sabemos si habló con Dalí y con los surrealistas, pero algo nos dice que fue más bien al revés. El Saturno de Goya (devorando a sus hijos) sería cantado por Munch en El grito, ese ser que más que boca tiene un agujero negro que lo está absorviendo poco a poco. Pero es que el espectáculo de gigantes y enanos ya había ido al circo 400 años antes, de la mano de Jerónimo.
Fijaos si no en El Infierno del tríptico El jardín de las delicias. Me gusta mucho la idea de llamarlo "Infierno musical", porque parece Schönberg sacando a las bestias a paseo. Sobran palabras.