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sábado, diciembre 27, 2008

Olivier Messiaen, compositor católico en el siglo XX.


[Dejo aquí el artículo que publiqué en Noviembre en Iglesia en Almodóvar:]

El próximo 10 de diciembre se conmemora el centenario del compositor y organista francés Olivier Messiaen (1908-1992). Nacido en Aviñón, su madre, la poetisa Cécile Sauvage –conocida como “poetisa de la maternidad”- habría anunciado en unos versos la llegada de Olivier durante su embarazo: “je souffre d’un lointain musical que j’ignore” (“siento una lejanía musical que desconozco”).
Desde muy pronto, el joven Messiaen ya mostraba dotes prodigiosas e ingresó en el Conservatorio de París a los once años. Allí tuvo a profesores como Marcel Duchamp y Paul Dukas, que le inspiró un inusitado interés por los pájaros, a quien nuestro compositor concedería un puesto de honor en su música.
En 1931 fue designado organista de la iglesia de la Santísima Trinidad de París, ocupación que no abandonaría hasta su muerte. El protagonismo del órgano en su obra no tiene parangón en la historia musical, si exceptuamos la figura de Johann Sebastian Bach.
Al estallar la II Guerra Mundial, Olivier es llamado a filas como auxiliar médico y, capturado en Verdún en 1940, hecho prisionero en el campo de concentración de Görlitz. Allí compuso su Cuarteto para el fin de los tiempos, estrenado por un improvisado grupo de instrumentistas (piano, violín, violonchelo y clarinete), ante un auditorio de prisioneros y vigilantes. La pieza se presenta en varios movimientos como las “Loas a la eternidad de Jesucristo” y desprende influencias de textos apocalípticos, como en el titulado “Danza del furor para las siete trompetas”.
A su vuelta a Francia Messiaen accede al cargo de profesor de Armonía y más tarde al de Composición en el Conservatorio de París, mientras vuelve a su puesto de organista en la Santísima Trinidad. Aunque en sus composiciones habita un eclecticismo de tendencias y culturas (la Antigua Grecia, la rítmica hindú o Japón), Olivier insiste en que toda su obra es una inspiración de “los aspectos maravillosos de la fe”.
Una de sus grandes aficiones, los pájaros, invitan a considerarlo como un destacado ornitólogo, además de compositor. Música y pájaros se funden en su obra Catalogue d’oiseaux, donde el músico pretende la imitación al piano del canto de diversas especies. Su amor por la naturaleza culmina en la ópera San Francisco de Asís, cuya vida había despertado la atención de Messiaen.
Otro aspecto central de su composición es el interés por el color -el color musical, naturalmente-, pero ambas nociones conforman en el músico francés un binomio indisoluble, derivado de su sinestesia: “cuando escucho música yo veo colores”.
Su intento de expresar profundas ideas religiosas a través de la música se ve plasmado en algunas de sus obras más notables, como La Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo ó Meditaciones sobre el misterio de la Santísima Trinidad.
La primera de ellas, estrenada en 1969, se articula en catorce movimientos divididos en dos partes simétricas: un recitativo evangélico, dos comentarios o meditaciones, otro recitativo y otros dos comentarios, terminando con un gran coral. Se trata de una especie de oratorio para orquesta de ciento nueve músicos, siete instrumentos solistas y un coro de cien voces. Sobrecogedor. A parte de textos evangélicos, se incluyen algunos capítulos bíblicos y otros de la Summa teológica de Santo Tomás de Aquino.
La segunda, escrita para órgano solista, presenta una estructura a tres voces donde cada voz representa a una figura de la trinidad: la voz grave es la personificación de Dios padre (“la eternidad”), la voz media presentaría a Dios Espíritu Santo y la voz aguda (melódica y humana) a Dios hijo. Su escucha es compleja, pero fruto de una reflexión espiritual –de ahí el título Meditaciones- orientada hacia un momento místico de la música.
Messiaen es uno de los compositores centrales del siglo veinte y su influencia es detectable en muchos resultados de la creación actual. Su pensamiento poético, alejado de la tonalidad y del curso de la tradición occidental, permitió orientar la literatura musical hacia una nueva óptica cromática y poliédrica. Aún hoy se presenta como un personaje incomprendido, pese al éxito de su recepción. Así lo expresaba el compositor:
“Hablo de la fe a gentes que no la tienen, de pájaros a gentes que no los aman, de ritmos a gentes que no los comprenden y de colores sonoros a gentes que no ven nada”.

miércoles, noviembre 05, 2008

Shostakovich


Cuando la Fundación Juan March dedica una exposición a la Rusia postestalinista, nosotros aprovechamos la ocasión para reivindicar la figura de Shostakovich, compositor extraordinario y prolijo de la era estalinista. Arte y experiencia se confunden inexorablemente en la figura de alguien que vivió la revolución del 17, la guerra del 39, la era de Stalin y el fin del estalinismo. Mientras tanto, 147 números de opus repartidos entre sinfonías, cuartetos, conciertos, conjuntos y alguna ópera (importante el caso de Lady Macbeth, que le costó una crítica feroz en el Pravda y su disculpa pública a Creonte). Después de todo, Shostakovich militó en la era romántica, la vanguardia, algo en el neoclasicismo, el jazz, el realismo soviético, el partido comunista y finalmente en la modernidad musical de todos los tiempos. Política y música dibujan un mismo camino para Dimitri. Todo esto se cuenta bastante bien aquí y allí. Mucho frío en la Rusia de Stalin y un poco de todo en las obras de Shostakovich: calor, ternura y delicadeza, pero también ruido, furor y sinfonismo megalomaníaco. Es uno de los grandes.
Para saber algo más, es ya un clásico el libro de
Krysztof Meyer. Para escuchar, darse un paseo por el youtube y escuchar la Sexta Sinfonía o el Cuarteto nº13.

lunes, octubre 13, 2008

Bachianas brasileiras


Un compositor a descubrir por todo aquél que lo desconozca: Heitor Villalobos. Referente de la música culta brasileña para el siglo XX. Nacido en Río en 1887, murió allí en 1959. Tengo una grabación de Emi de algunas de sus obras: Decobrimento do Brasil, Invocação em defesa da Patria, Bachianas Brasileiras y Chôros. [Debo decir aquí que me da mucha pena que los grandes sellos como Emi, Philips, etc, etc, lo pongan todo en inglés, francés y alemán, como si el castellano no tuviese ya 400 millones de hablantes: la musicología tiene mucho que pelear todavía.]

Volviendo a Villalobos, lo imprescindible de su obra son sus Bachianas y, sobre todo, la nº5, para soprano y ocho violoncellos, para Emi con Victoria de los Ángeles y para youtube con Amel Brahim, pero tampoco está mal.

Un largo poema lírico de largas vocalizaciones, con un dibujo musical que parece salido del alma de los tiempos. Retrato de bondades y llanto de tragedia griega. De las buenas.
Es destacable la labor de Villalobos en sus viajes al nordeste de Brasil, el decobrimento de nuevos ritmos tribales para la vitalidad de su música. Ese parece ser el motivo de la portada del disco de la imagen.

domingo, abril 13, 2008

Ultrasonido y música

Karlheinz Stockhausen, en 1964

La música de la no música. Sonidos inalcanzables en el espacio-tiempo; agujeros negros de la armonía tradicional. Antología oscura y matemática prohibida. Búsqueda del más allá y del más acá. Lo ultrasónico.
Viaje astral por la historia de la música occidental. Camino de luciérnagas en la noche despejada de Hansel y Gretel. Una breve e inaudita cronología de algunas propuestas.
El primer capítulo lo encontramos en
La Creación (1798) de Haydn. Un número inicial representa el 'Caos' de la nada antes del todo, según el génesis vesterotestamentario. Ecos de disonancias futuras en un cuadro coherente, con el Dios del amor como eje del hilo sonoro. Lectura integrada y visión humana de un católico como Franz Joseph.
El siglo XIX se cierra con Así habló Zaratustra (1896), la versión cosmogónica del Nietzsche más oscuro, con partitura de Richard Strauss. El viento interpreta escalas enigmáticas a partir de armónicos primarios: la octava y la quinta. Una escena por todos conocida.
Ya en el veinte, Holst se acerca a nuestro sistema solar mediante
Los Planetas (1916), obra que juega a disonancias poco comprometidas en un salón donde Júpiter y Marte danzan al son orquestal de una batuta muy terráquea.
Nada que ver con
Ionisation (1929-1931), trabajo en el que Varèse nos sumerge en los procesos microbióticos de la física: "la ionización es el proceso químico o físico mediante el cual se producen iones; hay varias maneras por las que se pueden formar iones de átomos o moléculas". La manera de Varèse se efectúa mediante trece instrumentistas que son los que maquinan el proceso metafórico de dicha ionización.
Xenakis es el compositor griego que aplicó ejercicios matemáticos a su composición. Fruto de una de sus ecuaciones aparece Metastaseis (1954), obra cósmica donde las haya, para un cuerpo orquestal de sesenta miembros.
No podríamos obviar Kontakte (1958-1960), un hito en la electrónica de Stockhausen, compositor conocido por el Helicopter Quartet y también por su inusitada afición a hablar con extraterrestres. Según Karlheinz, "Mística quiere decir ir más allá del pensamiento, y el arte tiene como fin romper ese límite mental". Según Fernández Guerra, "la escala de 'colores del sonido' electrónicamente producidos integra notas sonidos y ruidos cotidianos, así como las mutaciones de los sonidos en acontecimientos sonoros completamente nuevos, desconocidos hasta ese momento". Esa es la nueva ruta que nos marca Stockhausen.
Por último -que no para terminar- estaría Ligeti con su Atmosphères (1961). Música textural, masa de sonidos y timbres cósmicos. Esa "lucha" de texturas es la expresión más humana de algo ininteligible: la dimensión infinita del universo.

El mismo año, el innovador John Cage estrenaría su Atlas Eclipticalis, una 'transcripción' a grafía musical de una mapa de estrellas. Un genio este Cage.
Pero, no se preocupen, estamos salvados y la armonía habita en nuestro astros. Así lo dice, por lo menos, el artículo sobre la música de las esferas que nos regala
Edu Martínez.

jueves, abril 10, 2008

Moz-art à la Haydn


Fantasmagorías de acordes. Comienzos de sinfonías, cuartetos de cámara y dúo de violines. Todo eso se escucha en la obra de Alfred Schnittke. Danzas del XVIII, retratos de monarcas ilustrados, marcos dorados y largas alfombras púrpura. Desde la biblioteca, inmensos jardines y fuentes radiantes de luz y color.

Los niños corretean al escondite entre las simetrías infinitas de los setos. Un pizzicato por aquí y una sinfonía 40 por allá. Un minueto por aquí y un Haydn por allá. Un Mozart por aquí y un Schnittke por allá. Música del dieciocho proyectada hacia el veinte. Pieza de humor, ironía y clasicismo mágico.

Dedicada al violinista Gidon Kremer, fue compuesta en 1977. Un título expresivo para una audición fastuosa, gratificante y sorpresiva.

viernes, marzo 28, 2008

[El Silencio]


Los músicos preparados. Cuerda, viento y percusión listos. Silencio... ¡ya!
John Cage, disfrutando de un estupendo descanso turístico por las Islas del Silencio (Á la recherche du silence perdu), se acordó de nosotros y nos mandó un souvenir muy especial:
4'33''.
Una invitación al humor, a lo irónico, pero desde una ironía de esas que dejan a uno un sabor un poco amargo. Cuatro minutos y treinta y tres segundo son demasiados. Todo estaba preparado para una gran sinfonía y... ¡tras!, nada de eso.
El director en su sitio, los músicos en sus atriles y el público en su butaca. Nada raro.
Protagonistas de un anuncio de detergente, Cage nos hace cómplices de su silencio: en realidad nos lo impone, más allá de que en nuestra sala habite una sola nota.
Desnudando a la pieza de toda música consigue que cada segundo sea un segundo. Una obrita de teatro muy moderna, con un humor hermético y una música muy calladita. Ssschhhh...

lunes, febrero 25, 2008

Arquitecmúsica



Era Pierre Boulez el que hablaba de las casas de Mies van der Rohe, cuando nos anunciaba que Schönberg "había muerto", o algo así.
Xenakis y Varèse dieron un paso más con Le Corbusier: "hacer música o arquitectura es crear, engendrar ambientes que envuelven sonora o visualmente, poemas". Del mismo modo, el arquitecto avisaba a los espectaoyentes para la Feria Mundial del 58: "No les construiré un pabellón, sino un poema electrónico y una vasija conteniendo el poema; la luz, color, imagen, ritmo y sonido unidos en una síntesis orgánica". Este 'poema' ha sido la caja de pandora de la música contemporánea: de él ha salido gran parte de la gestualidad y concepción de las nuevas creaciones. El impacto de la electrónica es sólo comparable al producido por las genialocuras que Stockhausen estaba ya produciendo un par de años antes en la radio de Colonia.
Al parecer, es el hormigón el que sostiene las estructuras de "planta irregular" de Le Corbusier. ¿Quién trae el hormigón a las salas de conciertos?
No dirán que el tema no es apasionante. Ya vimos algo con Brunelleschi y un tal Dufay allá por el siglo XIV, pero lo de Xenakis y su música estocástica es mucho más de lo que un ser humano pueda concebir.
La música quiere ser espacial, física, perceptible no sólo para el oído, sino también para la vista y el tacto. No es que se haga una pieza para un espacio concreto, sino que la música quiere ocupar, en ella misma, el lugar de los pilares y las paredes. La noción temporal se desvanece, es casi un recuerdo doloroso de viejos ecos donde la combinación de armonías y contrapuntos representaba figuras abstractas en mentes lejanas... Esto es otra cosa.
Por cierto: qué bien están los anuncios de Audi.




sábado, septiembre 29, 2007

Holst y sus planetas


La idea de la música de las esferas, el sentido matemático de las armonías en el universo, ha sido un tema que ha apasionado durante siglos a propios y a extraños. ¿Hay música en los planetas? ¿Con qué nota se afina Saturno? ¿Forman entre ellos relaciones de cuarta, de quinta o séptimas disonantes? La cuestión es atractiva, no lo negarán.

Por si acaso, Gustav Holst (1874-1934) nos dejó una galería de poemas musicales para cada uno de los planetas. Me quedo con Jupiter, por ende, uno de los más conocidos. Así ofrecido incluso resulta celestial...

jueves, julio 05, 2007

Olivier Messiaen (1908-1992)


"Escucho los colores. Veo la música". Podría decirse de Messiaen que es el compositor de la sinestesia musical, su creador. Late en él la sensibilidad de un niño, la percepción caótica del cosmos. Pero todo ello es impulso, sustancia que evoca la realidad divina de las cosas.

El camino vital de Messiaen es de esos que abren y cierran un siglo. Prisionero de un campo de concentración durante la ocupación nazi, permaneció casi siempre en su puesto de organista de la Sainte Trinité de París. Su fascinación por los pájaros le llevó a dedicar horas de estudio a la ornitología. Creía ver en ellos a los "maestros" que debíamos escuchar.

Decía Messiaen:

“Uno de los grandes dramas de mi vida consiste en decirle a la gente que veo colores cuando escucho música, y ellos no ven nada, nada en absoluto. Eso es terrible. Y ellos no me creen. Cuando escucho música yo veo colores. Los acordes se expresan en términos de color para mí. Estoy convencido de que uno puede expresar esto al público.”