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jueves, julio 03, 2008

Señas de identidad


Es el título de una novela -muy nombrada en manuales- de Juan Goytisolo (Barcelona, 1931). Hay que entender cada cosa en su tiempo, aunque Juan sea de esos escritores que necesitan una edad geológica para entenderse a sí mismo.
Señas de identidad comparte piso con otras dos compañeras: Reivindicación del conde don Julián y Juan sin tierra. Títulos muy reveladores: la pérdida de España -una mezcla de historia y leyenda-, la pérdida de una tierra por un tal Juan y una pérdida de identidad del propio autor, a través de un trasunto llamado Álvaro Mendiola. Nótese hasta qué punto Goytisolo disfraza su propio nombre.
Hay que reconocer que su historia familiar es como para no echar gota. Su madre murió en un bombardeo en Barcelona durante la guerra civil, dejando a él y a sus hermanos huérfanos con unos diez años.
Juan ha huido en su vida de todo material identitario y aquí lo hace a través de un personaje "à la recherche de l'identité perdu".
El comienzo no tiene pérdida (transcribo literal):

Instalado en París cómodamente instalado en París con más años de permanencia en Francia que en España con más costumbres francesas que españolas incluso en el ya clásico amancebamiento con la hija de una notoria personalidad del exilio residente habitual en la Ville Lumière y visitante episódico de su patria a fin de dar un testimonio parisiense de la vida española susceptible de épater le bourgeois, conocedor experto de la amplia geografía europea tradicionalmente hostil a nuestro valores sin que falte en el programa de sus viajes la consabida imposición [...] de la Contrarreforma para acá España viene padeciendo los ataques más injustos irritantes e intolerables que a nación alguna se le haya podido dirigir [...] una visión fugaz y trashumante más propia de un Mérimée de pacotilla que de un vástago de familia acomadada y respetable de padre vilmente asesinado por la horda roja niño bien con todos los gustos y caprichos pagados cristianamente educado...

Bueno, pues, tras todo esto (y un poco más) aparece una frasecita enigmática, quizá no válida para el argumento de la novela, pero sí para este blog:

"Si vous venez avec moi à Almodóvar del Campo vous conaîtrez ce qu'il y a de plus beau au monde"
(¡¡Fantástico!!: "Si vienes conmigo a Almodóvar conocerás allí lo más bonito del mundo").

Que cada uno piense para sí su sitio más bonito del mundo. En Almodóvar hay muchos, pero propongo el Horcajo, en la foto de arriba.

domingo, mayo 11, 2008

Azorín y Almodóvar

Encierros en Almodóvar
Camino por sus calles, pisando sus adoquines, oyendo a mi paso, ecos del pasado. Corredera abajo hasta la Casa de la Marquesa, las monjas y la pequeña plaza de San Benito. Dicen que donde estaba la ermita hubo una sinagoga judía.
Llego a la plaza mayor, asomándome desde la esquina, como quien juega al escondite. Luz tenue de cuatro faroles. No hay un árbol en toda la plaza. La fuente de los santos enmudece ante la fachada de la parroquia. Es una iglesia grande, soberbia de torre y piedra vieja. El reloj nunca está en hora. Ahora un foco ilumina desde abajo la altura hasta el campanario. Le da un color rojizo, casi de la Alhambra. A la izquierda, el Ayuntamiento. Es un edificio grande, blanco, con dos torres a los lados, culminadas en punta por grises azoteas. Coqueto y distinguido. En frente, el casino, donde los socios pasan horas hojeando el periódico en la sala de lectura –ojo avizor en dos ventanas- o apoyados en su fachada amarillenta. Parece que no pasan los años para los casinos de provincia. Como en casi todos, un aire de Calle Mayor de Bardem. Bajamos por la calle del santo, a espaldas de la iglesia. Una calle en dos piezas: una muy estrecha en cuesta y otra horizontal más ancha. Casi se ensancha al punto de la casa del santo chico, como dicen allí. Al final de la calle casi podemos oler el campo en dirección al prao. El pueblo duerme en paz, porque es tarde y mi paseo solitario.
Azorín, en un artículo titulado “Decadencia”, recogido en Literatura y Política (Madrid, 1920):

“¿Vosotros no habéis estado en Escalona, en Olmedo, en Arévalo, en Almodóvar del Campo, en Infantes, en Briviesca, en algunas vetustas ciudades españolas, antes espléndidas, ahora abatidas?”

sábado, febrero 23, 2008

Don Quijote velando sus armas


"Acabó de cerrar la noche, pero con tanta claridad de la luna, que podía competir con el que se la prestaba, de manera que cuanto el novel caballero hacía era bien visto de todos." (DQ, cap.III, I parte).

Embriagado de luna, como en el 'Mondestrunken' del Pierrot Lunaire de Schönberg, el auditorio contempla la escena complaciente.

No es sólo el lenguaje de Don Quijote el que crea ese personaje burlesco, grotesco y triste figura que conocemos. Es Cervantes, desde su calidad de narrador, el que concede un espacio de dignidad épica como nunca antes había tenido ningún caballero. Qué pincelada de buena prosa poética la de don Miguel.

La ilustración es de Gustavo Doré. La música del Don Quixote de Richard Strauss.

http://www.youtube.com/watch?v=-eGHJAcImL4

lunes, marzo 20, 2006

Cortázar y otras armas


Hojeando un libro de teoría musical, me quedé fijo observando un dibujo detallado de las partes del oído: el oído externo, el oído interno, el martillo, el yunque, la hoz y la coz. No, estas dos últimas no.
Bueno, el caso es que, por un momento, intentaba dar forma a la idea de una poesía metametafórica donde el oído fuese el argumento central, oculto, auscultado, nunca mejor dicho.
El protagonista cuasi explícito habría de ser el sonido, más concretamente, a través de pistas como los golpes, su entrada al lugar (al oído interno), etc... conectaban este recorrido con uno de las posibles acepciones del cuento 'Casa tomada', del escritor Julio Cortázar, en Las armas secretas y otros relatos.
Es como si la casa fuera, en sí misma, la gran metáfora del oído, con sus habitáculos y demás enseres presentes en el cuento, pero, leído de nuevo con un mínimo interés objetivo, desvela un entretejido mucho más complejo y a la vez sugestivo.
Este relato ha sido estudiado por varios autores y el resultado de su desencriptamiento es, naturalmente, un número infinitesimal, cuasi borgiano.
He aquí un poco del cuento:

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestro bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
...
El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y los dormitorios quedaban en la parte más retirada...